RECUERDO DE MONSEÑOR ROMERO ESTÁ EN HUMILDES DE LA TIERRA

El 24 de marzo de 1980, el odio demostró que no tiene limites, al asesinar a Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, El Salvador, durante una misa y frente a sus fieles.

Este hombre de Cristo, pagó con su vida la osadía de cumplir con la palabra de Dios, de estar del lado de los pobres, de los excluidos, de los perseguidos y férreo defensor de los derechos humanos.

Su martirio es recordado por los pueblos y su recuerdo está en los humildes de la tierra que siempre lo incluyen en sus oraciones.


Oscar Arnulfo Romero, nació en El Salvador el 15 de agosto 1917, en la Ciudad Barrios departamento de San Miguel (este). Era el segundo de ocho hermanos su padre se llamaban Santos y su madre Guadalupe. Eran una familia humilde y modesta.

Monseñor Romero condenó la represión por el ejército salvadoreño al comienzo de la guerra civil de 1980-1982 entre el gobierno derechista y rebeldes de izquierda. Fue un incansable luchador de los derechos humanos, abría las puertas de la Iglesia a los campesinos desplazados. Realizó denuncias de la violencia militar y fue asesinado para callar su voz en pro de esta lucha.  

Vivió en el colegio Pío latinoamericano (casa que alberga a estudiantes de Latinoamérica), hasta que fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 a la edad de 24 años.

Regresó a El Salvador en 1943 como párroco de la ciudad de Anamorós en La Unión (este); después fue enviado a la ciudad de San Miguel donde sirvió como párroco en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz y como secretario del Obispo diocesano monseñor Miguel Ángel Machado.

Posteriormente fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador en 1968. El 21 de abril de 1970, el papa Pablo VI lo designó Obispo Auxiliar de San Salvador, recibiendo la consagración episcopal el 21 de junio de 1970.

El 10 de febrero de 1977, en una entrevista que le realizó el periódico La Prensa Gráfica, el Arzobispo designado afirmó que:

“El gobierno no debe tomar al sacerdote que se pronuncia por la justicia social como un político o elemento subversivo, cuando éste está cumpliendo su misión en la política de bien común”.

Monseñor Romero luchó en pro de los derechos humanos y lo más pobres, en sus homilías denunciaba los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes.

Los primeros conflictos de Monseñor Romero surgieron a raíz de las marcadas oposiciones a los sectores económicamente poderosos del país y unido a ellos, toda la estructura gubernamental que alimentaba esa institucionalidad de la violencia en la sociedad salvadoreña.

Las nacientes organizaciones político-militares de izquierda fueron duramente criticados por él en varias ocasiones por sus actitudes de idolatrización y su empeño en conducir al país hacia una revolución.

Creó una oficina de Derechos Humanos y abrió las puertas de la Iglesia para dar refugio a los campesinos que huían de la represión.

A raíz de sus reiteradas denuncias comenzó ser objeto de una campaña contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, cotidianamente eran publicados en los periódicos, editoriales, campos pagados, anónimos, entre otras, donde se insultaba, calumniaba, y se amenazaba directamente la integridad física de Mons. Romero. La “Iglesia Perseguida en El Salvador”.

Durante los años 80 escribió una larga carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, pidiéndole que cancelara toda ayuda militar.

El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada como una sentencia de muerte debido a la fuerte denuncia que realizó.

“En nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, cese la represión”

Un día después, el 24 de marzo de 1980, Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue asesinado con un disparo, mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús.

Murió a manos de un francotirador que formaba parte de los escuadrones de la muerte de ultraderecha, financiada por la Agencia Central Estadounidense (CIA, por su sigla en inglés). 

Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad.

“La palabra queda y ése es el gran consuelo del que predica. Mi voz desaparecerá pero mi palabra, que es Cristo quedará en los corazones que la hayan querido recoger” (1978).

Con informacion de TeleSur y VTV