A LA SOMBRA DE LOS RASCACIELOS

Ariel Robles Barrantes.

Mucho se habla en nuestro país de la grandeza de los Estados Unidos: sus calles, sus ciudades y sus dólares. Nos han querido inculcar una admiración por la vida que ahí se consigue, pretendiendo incluso muchas veces imitar su modelo económico e importar sus prácticas a nuestro país. Recientemente tuve la oportunidad de visitar por alrededor de un mes estas tierras. Sin ninguna duda, cualquiera podría dejarse llevar por las grandes impresiones y simplemente obviar los detalles que se esconden a las sombras de las gigantes estructuras. Un país donde vibra el orgullo nacionalista, donde en cada negocio, corporación o casa ondula la bandera de las barras y las estrellas. Se llaman a ellos mismos Americanos porque para ellos América es los Estados Unidos. Su orgullo va más allá de una fecha patria, vibra en cada uno de ellos. Ciudadanos que en su mayoría cuentan con una gran disciplina, admirable forma de desempeñarse, asumen su trabajo con una gran responsabilidad y compromiso, casi tomándolo como lo más importante en sus vidas. La vida ahí va a otro ritmo, al igual que como se mueven las autopistas a lo largo de sus estados, conduciendo con el pie en acelerador al ritmo de su frase popular “time is money”. Es cierto el dicho de que toda escoba nueva barre bien, aplica también en este contexto porque podría cualquiera impresionarse con lo desconocido, lo diferente, lo gigante y desentenderse de los detalles, no ver los matices en las esquinas de la sociedad Norteamericana. Sin embargo, es responsable mirar más a lo profundo la cuna del gran capital, ver con ojos críticos lo que sucede en la potencia más influyente en nuestros pequeños países que constituyen parte de la verdadera América.

En un tiempo donde en un país como Costa Rica el discurso hegemónico aunque muchas veces panfletario es la protección al ambiente, la crisis global en torno a la contaminación y defensa de recursos naturales. Sorprende que muy por el contrario en Norte América es muy normal encontrar en las cercanías de las ciudades estadunidenses grandes nubes de humo que saltan de las industrias. Ahí el discurso verde no ha llegado, al igual que a las calles donde es posible encontrarse con acumulaciones de basura, una imagen similar a cuando pasa el tope o un desfile en nuestro país y las masas usan las calles y aceras como basurero. En eso no somos tan diferentes. Los supermercados venden platos de “estereofon” por doquier, algo que en nuestro país ya es hasta mal visto comprar, no por alguna ley que lo prohíba, sino más bien porque nuestra conciencia ambiental ha hecho que muchos costarricenses decidamos dejar de utilizar estos desechables por sus implicaciones contaminantes.

A pesar de las grandes carreteras y de lo avanzado de los sistemas para facilitar servicios, tecnológicamente hablando, también se hacen presas y filas en las cajas. El cableado en muchos lugares es a través de postes de luz y no subterráneo como en nuestras “subdesarrolladas” ciudades, hay malos servicios a pesar de que ahí no se puede decir que es por falta de competencia. Los supermercados son gigantes, de todos tamaños y colores, las grandes cadenas empiezan a implementar medios para la reducción de personal a través de tecnologías, existen ya al menos un 30% de las cajas donde los clientes pueden cobrarse solos, utilizando su tarjeta electrónica. No hay duda que en adelante esta tendencia ira avanzando. La historia de que el hombre será sustituido por la maquina no parece más un cuento de ficción. También sorprende ver como muchos ancianos trabajan, estos enfrentan la necesidad de aumentar los ingresos de pensión que no dan para tener una vida digna, haciendo que muchos ocupen puestos de cuarto de tiempo aunque sus manos ya no aguanten lo que sus necesidades les piden.

A la orilla de la grandeza hay también pobreza, hambre y dolor. “Trenton Makes and The World Takes”1 dicen los muros y puentes en las calles de uno de los poblados de negros e hispanos más carente de recursos de los Estados Unidos. Una imagen que podría representar los casi 50 millones de personas que viven en estado de pobreza (20 millones de estos en pobreza extrema) en la primer potencia mundial (Informe del Departamento de Comercio de Estados Unidos, 2014).

La tierra de los Seguros que se rige como ley de la selva en donde cada quien se salva como puede. Con una óptica totalmente diferente a la que podría tener un Costarricense cuya salud ha estado al resguardo de la CCSS, en Estados Unidos son las aseguradoras privadas quienes dominan este campo, en una dinámica donde el dinero define la calidad de seguro y por ende la cobertura del servicio. Muy diferente a lo que pasa en Costa Rica, que independientemente de la enfermedad que enfrente el asegurado, el seguro social lo cubre todo, donde sin importar si es la caída de una uña o el tratamiento de un cáncer, se debe garantizar el servicio a la persona en su totalidad. Muchos estudios han demostrado que Estados Unidos cuenta con la cobertura de un sistema de salud muy por debajo de Países más pobres. Y es que los Estadunidenses tienen que pagar cantidades exorbitantes por su salud, por ejemplo una apendicitis podría rondar los 44 832,9 dólares, de los cuales un seguro promedio solo cubriría un porcentaje de ese dinero, el resto debe ser pagado, casos como este han hecho que muchas personas caigan en la pobreza debido al desfinanciamiento por deudas médicas. Como si fuera poco, otra problemática es el poder que tienen las casas aseguradoras para elegir a quien pueden cubrir con sus seguros o no, lo que ha producido que muchas personas con enfermedades crónicas tengan dificultades para acceder a un seguro debido a que sus padecimientos no son “rentables” para las aseguradoras. En el país más rico y poderoso del planeta, más de un tercio de las personas enfermas no tienen la posibilidad de seguir un tratamiento por problemas económicos (Health Care Data, 2013). Es sorprendente que Estados Unidos es la nación con mayores problemas en su sistema de salud de las grandes potencias, donde muy por el contrario a lo que sucede en el gigante del norte en otros países se aborda la problemática desde sistemas de salud públicos.

Sin duda un país de contrastes, donde se encuentran las mayores opulencias y las más fuertes necesidades. Un paradigma digno de investigación y análisis sobre el comportamiento humano y la dinámica económica por encima de todo. Entendiendo que esta tierra esta llena de pobres como lo está el resto del mundo podemos darnos cuenta que las grandes corporaciones y sus secuaces no tienen patria y son las únicas impulsoras del gran capital, mientras los de abajo siguen con el pie del poder económico encima, ver lo que sucede nos deja sin capacidad de entender lo infinitamente ambicioso que puede ser el hombre.

Aporte de: MSc. Ariel Robles Barrantes