¡AY TEGUCIGALPA! (cuento corto)

Tegucigalpa
Mercedes Hidalgo*

Era ya más de la media noche, y la nostalgia precoz no acababa de apoderarse de los camaradas presentes.

Recordaba que nunca antes había visto un militar, hasta que abrí los ojos aún medio dormida la mañana que llegamos a la frontera; parecía un espejismo visto tras la ventana del autobús. Habíamos viajado por tierra durante dos días para estar en aquella actividad, la cual extracurricularmente llegaba a su ocaso en ese pequeño bar clandestino de Tegucigalpa, mientras que aquella noche, por delante nos aguardaba el mismo viaje de regreso a nuestra pasiva, engañada y somnolienta patria.

¡Ay Tegucigalpa! Caótica, ruidosa y triste ciudad, pero a la vez con su característico encanto propio de las ciudades principales de los países del tercer mundo. Cuánto echo de menos recorrer sus alamedas adoquinadas, sortear a sus taxistas y vendedores ambulantes, despertar producto del ruido exagerado del tráfico antes de que saliera el sol y enmudecer de asombro ante sus catedrales… Una tarde me percaté de que ya se me empezaban a desdibujar sus grafitis, y sus esquinas, así que decidí escribir estas líneas.

La actividad académica a la que asistimos, había sido un verdadero éxito, con unos cuantos matices agridulces producto del contexto del golpe de Estado. Aún estaba fresca la tinta de las protestas en las paredes y las consignas agarradas al viento, aún se mantenía tibia la sangre en los adoquines, aún se esperaba cada día el regreso de los desaparecidos, y ya se empezaba a esperar más por la costumbre que por esperanza genuina.

Pudimos estar junto a los camaradas, si bien no durante el golpe, sí después de éste en aquel escenario tan tenso como la misma guerra fría. Lloramos y maldecimos, no junto a ellos, sino con ellos; añoramos también la paz y la libertad de expresión, con esa sensación errónea de creer no saber qué se siente el no tenerlas. Pero lo cierto, es que nosotros sí lo sabemos: al abrir los ojos fuera de la ilusión de la realidad espléndida e idílica que se nos presenta, y ver hacia la mordaza, hacia el recorte presupuestario, hacia el corrupto y la mentira, hacia la desigualdad, y la pobreza; ahí más allá de la caverna yace implícito y vigente, el tenor del sentimiento que creímos y algunos creen desconocido.

Si bien es cierto, no vimos caer a aquellos camaradas centroamericanos, pero padecimos su ausencia; no sentimos las brasas de la insólita quema de libros, pero respiramos su humo, hedor de la desvergüenza golpista; la guerra en presencia nuestra, siempre permaneció fría.

En esas estábamos, en medio de risas, y silencios profundos, Salvavidas y tequilas, cuando golpearon la puerta del sótano donde se había instalado el bar clandestino: “¡Los militares!, apaguen las luces, guarden silencio”, dijo palideciendo uno de los nuestros. ¿Qué pasaría si nos vinculaban con la oposición?

Fue aquel silencio uno de los instantes eternos más grises de mi vida. Entonces pensé en mi país, ese pequeño, verde y frágil país que se cree lo que los demás dicen de él, deseé volver a pisar este suelo ingenuo y levantar consignas bajo el “límpido azul”, divisar las montañas hacia cualquier punto cardinal desde mi apartamento; deseé volver a caminar por los pasillos de mi universidad, volver hacer antropología y construir conocimiento.

Los militares no tenían ninguna duda razonable para probar que se había roto el toque de queda, ni ninguna razón en particular para prestar demasiado interés a la presunta llamada delatora; al golpe de la puerta, solo escucharon silencio, y un aparente espacio vacío, así que se marcharon, y no volvieron.

Permanecimos en aquel sótano-bar clandestino hasta el alba, el transporte ya esperaba para llevarnos a casa por tierra. Fue la última vez que vi a un militar, al cruzar de regreso por aquella frontera.

 

  • Mercedes Hidalgo es Antropóloga Social

2 Thoughts to “¡AY TEGUCIGALPA! (cuento corto)”

  1. Gabo=D

    Qué buen cuento: realista y soñador, a pesar de todo!!!!

    1. wpadmin

      ¡Gracias por el comentario!

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