“Las venas abiertas de la CCSS”

 

Dr. Wilmar Matarrita Carrillo

 Cuando era adolescente sufrí de Apendicitis Aguda, una urgencia médica muy común en Costa Rica y el mundo; sin embargo, en el Hospital La Anexión de Nicoya, tardaron más de 90 horas en diagnosticarme, gracias al ojo clínico de uno de los mejores cirujanos de dicho hospital, al cual, desesperada, mi madre llamó para que me viera, ¿qué sería de mi si ese día no hubiese trabajado?

Ese día decidí, que quería estudiar medicina, que quería evitar que eso sucediera con otra persona, que mientras yo fuera médico salvaría muchas vidas y ayudaría a mucha gente.

Hoy gracias a La República de Cuba y a la Escuela Latinoamericana de Medicina que fundó Fidel, logré cumplir mi sueño de ser médico, pero también caí en cuenta que esa realidad que me tocó vivir de adolescente estaba lejos de cambiar.

ELAM /Imagen ilustrativa

Durante los últimos años y con el auge de las redes sociales, es más común ver personas que se quejan de una mala atención por parte de médicos y personal de salud en general; los ticos pasamos a ser “fiscales” y “jueces”. Sin embargo, usted se ha puesto a pensar donde radica el problema real, ¿serán los médicos que no quieren trabajar?, ¿serán las universidades que forman malos médicos?, ¿será la CCSS y su ineficiencia?

La triste verdad es que el real culpable es el Sistema de “Salud Publica” costarricense, y no me refiero a sus instituciones, ni que la culpable es la CCSS, ni que la misma está obsoleta o es inútil, ni mucho menos que se debe abrir al capital privado o cerrar. A lo que me refiero es a la camisa de fuerza que el sistema implementa para sofocar la CCSS, a todas las heridas que desangran a esta noble institución.

A febrero del 2016 el Estado le debía a la CCSS ¢692.651 millones, esto representa casi el 20% del PIB anual del país. Con esa cantidad de dinero la CCSS podría contratar a más de 2 mil 300 médicos por 10 años, con un salario mensual de 2 millones y medio de colones. Solo para que tengan una idea, hoy Costa Rica cuenta con un aproximado de 5500 médicos, incluyendo los que se encuentran en centros privados y a especialistas.

Con ese dinero se podría construir 3 hospitales similares al nuevo Hospital de Alajuela y sobraría alrededor de 17 millones de dólares para equiparlos.

Pero bueno dejemos de lado esos “chuminos” y entremos al tema que sé que les gusta: los médicos. En lo personal siento que más allá de que existen médicos que no tienen amor por el ser humano o sensibilidad hacia el paciente, hay otros muchos que aún mantienen los valores humanistas de la medicina. Creo que uno de los mayores cánceres que padecen algunos colegas, si no el principal, es el amor al dinero, el ver la salud como un negocio; sin embargo ese cáncer lo alimentamos de cierta forma nosotros con complicidad del estado.

Usted podría imaginarse a un defensor público que le diga, “mire, la verdad acá en la corte los tramites son lentos y vieras el montón de casos que me llegan, pero vieras que tengo mi bufete acá al lado, si gusta se pasa para que veamos cómo le puedo ayudar en ese enredillo”, ¿no, verdad? Pues eso es porque el defensor público tiene algo llamado, exclusividad; este es un “pequeño” contrato el cual estipula que el defensor público no puede trabajar en otro lugar que no sea en los tribunales y para el estado, gracias a esta medida aún gozamos de una defensa judicial gratuita cuando la necesitamos. Pues figúrese que el médico que trabaja para la CCSS no está obligado a aceptar exclusividad, osea que bien puede trabajar en la Bíblica que como en el Calderón, osea es legal que use el famoso “biombo”.

Esta es la forma que el capital privado encontró para corromper a nuestros médicos y para sangrar nuestro sistema de salud pública, ya que muchos médicos no gustan de ir a zonas alejadas sin una clínica privada cerca donde ganarse un dinerillo extra. Es la medicina privada una de las principales culpables de la poca atención especialidad en nuestros hospitales, ya que los buenos sueldos y la continua demanda convierten a la salud en tremendo negocio, a las interminables listas de espera en potenciales clientes y a la reducida cobertura pública en fiel socia.

Entonces si sumamos el déficit de profesionales en los hospitales, los pocos centros de salud pública existentes y la dualidad laboral, te encontrás con que la atención sobrepasa la capacidad del personal, en otras palabras, pagamos justos por pecadores. Al final del día sin merecérselo, son los hospitales privados los que se llevan los aplausos (y la plata), y no esos médicos que aun con sobrecarga de trabajo, se esfuerzan por dar lo mejor en un sistema diseñado para no funcionar.

En fin, este tema tiene mucha tela por cortar y quizás debería más bien de escribir un libro, más que una nota. Solo quise debelar un poco la realidad que nos tocó vivir, esa muy diferente a la que viví en Cuba y su “DICTADURA”.

Autor: Dr. Wilmar Matarrita Carrillo

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2 Thoughts to ““Las venas abiertas de la CCSS””

  1. Eric

    Falta decir que el problema también radica en un sistema de visión de tratamientos médicos ortodoxos.

    Asunto que el sistema de proveeduría y gerencias parecen estar muy cómodos con los agentes de ventas de medicinas de calidad cuestionable. O falta esa re-ingeniería mental en la que se pueda tener derecho a una medicina alternativa y a medicamentos y tratamientos más actuales junto al equipamiento e infraestructura en muchos hospitales con años sin ser debidamente intervenidos.

    1. Así mismo, la verdad que hablar de la CCSS y sus problemas es como para sentarse una tarde completa. Sin embargo, lo que si debe quedar claro que la medicina pública es lo que hay que defender y luchar porque mejore, que se libre la CCSS y nuestro sistemas de Salud Pública de todas las ataduras impuestas por el estado y el negocio de la medicina privada, que no le permiten ser mejor.

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